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Proyecto para bajar la contaminación sonora en Nueva York


Nueva York no es la única ciudad superpoblada donde la contaminación sonora tiene sus efectos. En muchas partes del mundo los habitantes de las megas-ciudades tienen que convivir a diario con todo tipo de ruidos, que hasta uno ya se acostumbra y cree es eso es normal. Pero tanto ruido trae secuelas como estrés, problemas cardiacos, hipertensión, disminución auditivo, etc. 


En Nueva York los transeúntes y vecindarios viven a diario el caos de las bocinas, sirenas, obras en construcción, zumbido de aviones, restaurantes donde hay que gritar para hacerse escuchar

Nueva York es una de las ciudades más ruidosas del mundo, pero quiere cambiar.

Pero aunque muchos se acostumbran a este exceso de decibeles, la ciudad se lanzó en un proyecto inédito dirigido por Juan Bello, un profesor de origen venezolano de tecnología musical en la Universidad de Nueva York (NYU): registrar todo el abanico de sonidos de la ciudad y sus 8,5 millones de habitantes, y luego analizarlos para poder reducirlos.

Este experimento es, por un lado, científico, donde las técnicas usadas son las del aprendizaje automático de máquinas, una de las áreas de investigación de la inteligencia artificial, y, por otro, participativo, ya que los neoyorquinos y la alcaldía fueron llamados a contribuir.

Los millares de sonidos serán inventariados y cuidadosamente registrados con la ayuda de los habitantes para permitir a las computadoras identificar inmediatamente la fuente de un problema sonoro. Luego corresponderá a la ciudad hacer lo necesario para resolverlo.

Las primeras máquinas que capturan sonidos, que transmiten sus datos a servidores por wifi, fueron probadas en el barrio de Greenwich Village, y colocadas en edificios de la NYU, de la cual dependen los 15 investigadores de este proyecto bautizado "Sounds of New York City". Los investigadores están instalando captores en otros barrios de Manhattan y Brooklyn, elegidos por su variedad de sonidos.

Desde que la alcaldía habilitó un número telefónico para todas las quejas no urgentes (el 311) "es el ruido el que cada año, invariablemente, llega en primer lugar", afirma el experto.

En caso de queja por ruido, "se precisan entre cinco y seis días" para que uno de los 50 inspectores especializados de la ciudad intervenga, señala Bello. Es un plazo tras el cual en general el problema desapareció. Si se trata de una queja de ruido de un vecino, la tarea corresponde a la policía, y el ruido "no es su primera prioridad", añade.

De aquí la idea de este proyecto, previsto para durar cinco años y de un costo de 4,6 millones de dólares, financiado por la Fundación Nacional para la Ciencia. Para entonces, los investigadores esperan mejorar los captores, programados para no grabar nunca más de diez segundos consecutivos, para evitar interceptar conversaciones inteligibles que puedan plantear problemas de confidencialidad. Esperan resolver otros rompecabezas tecnológicos, por ejemplo, cómo "modelizar los bocinazos", efímeros e imprevisibles tanto en el tiempo como en el espacio. Es un asunto "más difícil de controlar, dice Bello. Debemos ser más creativos".

Sounds of New York City, un proyecto a largo plazo

Durante cinco años, y con un presupuesto de US$ 4,6 millones, expertos de la Universidad de Nueva York (NUY) harán un inventario de los sonidos que se registran en toda la ciudad.

Las primeras máquinas que captan sonidos fueron probadas en el barrio de Greenwich Village, y los expertos ya instalaron otras en Brooklyn.

Desde que la alcaldía local habilitó una línea para las quejas no urgentes, cada año el ruido lidera el listado de protestas.